La forma más sencilla de explicar el hambre emocional es que es comer por otras razones diferentes al hambre, por ejemplo por aburrimiento, por tristeza, por estrés o ansiedad. Confundir los sentimientos con el apetito sin ser conscientes de esto.

Sentimos repentinamente una enorme necesidad de comer, pero ni siquiera sabemos el qué ni el porqué es tan urgente. Dejamos de mantener una relación funcional (quitar el hambre, alimentarnos, darnos energía para seguir) y se convierten, ciertos alimentos, en un fin desesperado para mejorar o tapar estados de animo y emociones.

La comida se convierte en algo a lo que recurrimos como “solución” fácil para aliviar a corto plazo el estrés, la tristeza, el aburrimiento o la ansiedad. Cuando estas soluciones no funcionan nos provocan sentimientos negativos y sentimientos de culpa, que probablemente intentaremos tapar o “solucionar” con comida, provocando así, un circulo vicioso del que puede ser complicado salir.

¿Cuáles son las diferencias entre el hambre física y el hambre emocional?

Existen algunas diferencias y claves que nos ayudaran a diferenciar el hambre emocional del hambre física o real:

No hay comida que pueda satisfacer el hambre emocional porque no necesitamos comida, necesitamos atender a nuestras emociones.

¿Qué provoca el hambre emocional?

Las emociones desagradables suelen ser grandes detonantes del comer compulsivo. Buscamos por todas formas no sentir ni expresar ciertas emociones, las consideramos incorrectas o no sabemos lidiar con ellas y por eso nos las comemos, literalmente.

Aprender a conectar con nuestros estados emocionales y a responder a ellas con otras cosas que no sean comida, es lo que se llama aprendizaje emocional.

Los alimentos con muchos azucares o grasas nos dan subidones de serotonina, que es lo que nos provoca placer y de esa forma tapamos, momentáneamente, el dolor o el displacer que sentimos dentro de nosotros y también un posible rechazo hacia nosotros mismos. Los dulces nos dan una sensación de dulzura que sentimos que falta en nuestra vida.

¿Cómo evitar el hambre emocional?

Los pensamientos críticos, las sensaciones desagradables, las emociones difíciles de gestionar, los problemas surgen en nuestro día a día, es lo que hacemos con ellas y como actuamos ante esto lo que debemos tener en cuenta.

Lo primero es aprender a observar las emociones, que las provoca, por ejemplo donde están alojada esas sensaciones, en que parte del cuerpo. Una vez localizadas esas sensaciones incomodas no queda más remedio que hacerse cargo de ellas y si vemos que no podemos enfrentarlas o se nos salen de las manos acudir a un psicólogo que es un profesional que nos escuchara y ayudara a gestionar mejor las emociones y situaciones desbordantes.

Lo importante también esta en tener hábitos sanos y comer comida que nos aporte salud y energía y empezar a distinguir los discursos internos que nos piden tapar nuestros problemas con comida y también los discursos externos que están bombardeándonos todo el tiempo, que nos confunden y nos dicen que mimarnos y darnos un capricho es comer azúcar y comida basura.

Test para saber si sufres de hambre emocional: